A.D.N

Apropiación Digital Nostálgica

Todo el mundo se reconoce

en el álbum de fotos

Christian Boltanski

         La producción visual de Andreas von Gehr se articula sobre la interacción entre fotografía, medios digitales y pintura para abordar el tema de la identidad desde la constitución familiar, confluyendo como concepto el desplazamiento, tanto de medios y estrategias estéticas, como del individuo en proceso migratorio.

El sustrato básico de su obra es el cuestionamiento de la imagen: considerando a la pintura como su disciplina original, Von Gehr se sumerge en las coordenadas históricas (tanto de esa disciplina como de sí mismo) para deslizarse a otro ámbito, uno que lo conduce a la apropiación fotográfica y la manipulación digital, con el fin de experimentar la desarticulación y reestructuración de la imagen.

Así es como sus obras/fotografías, mediante un proceso de intervención digital en una post producción, remiten a fases de la historia de la pintura moderna, específicamente, al puntillismo, mediante la simulación del tratamiento pictórico característico de ese estilo.

De este modo, el desarrollo de su producción se comporta como un equivalente contemporáneo de la primigenia relación entre pintura y fotografía, cuando ésta imitaba las formas compositivas y representacionales de la primera (posición de las personas y ambientes de fondo para los retratos, por ejemplo). Luego de que la pintura, desde la abstracción, se liberó de la necesidad de representación y se abocó a la búsqueda de sus propias posibilidades comunicativas, la fotografía asumió la responsabilidad de representación de la realidad.

La manipulación digital libera a su vez a la fotografía de ésta obligada condición representacionista, permitiéndole ser, entonces, creadora de sentido.

Así, la fotografía como soporte de intervenciones pictóricas y recipiente de manipulaciones digitales, se ve potencialmente sobrecargada en su capacidad comunicativa, convirtiéndose, en manos de Von Gehr, incluso en objeto e instalación: el recorrido lineal desde la pintura hacia la fotografía intervenida digitalmente, tiene en este artista un punto de retorno con la aplicación de “rescates” objetuales y gestuales, que sitúan la obra a medio camino entre la postfotografía, que es aquella que tiene como único soporte el fluido digital de Internet, y las artes visuales.

Por lo tanto, las imágenes de Von Gehr operan en una esfera de interrelación de medios desvinculados de los parámetros de la estética tradicional. A la vez, y a medida que la fotografía se beneficia de los métodos y estrategias estéticas del arte contemporáneo, ésta pierde progresivamente su carácter específicamente fotográfico.

Ahora bien, la gran directriz sobre la cual toda esta dinámica formal adquiere corporalidad es en torno a la Familia y la condición Inmigrante, pues Andreas von Gehr es hijo de un ciudadano alemán llegado a Chile en los años ’60; que su producción visual esté marcada entonces por las relaciones familiares y los lazos que lo unen a la historia de un país lejano, se corresponde naturalmente con el uso de material fotográfico, que como índice de un “ha sido” le proporciona al artista puntos de referencia para un mapa genético particular.

Una de las primeras obras destacadas de Von Gehr es una serie de cinco retratos de su núcleo familiar más próximo (padres, hermanos, él mismo). Cada una de las gigantografías está compuesta por cientos de micro fotografías de los cuatro restantes miembros del grupo familiar, a modo de trama pictórica que de lejos se articula como un todo reconocible y que de cerca ofrece el detalle de los rostros individuales.

Es interesante como se equilibran en una sola imagen dos gestos direccionalmente opuestos: las grandes imágenes de fondo son fotografías tomadas por el autor el año 2001; en ellas respeta los parámetros formales de una fotografía carnet, conservando un tono objetivo, imparcial…es prácticamente un enfoque científico sobre sus familiares y sí mismo. Luego, estas fotos son descompuestas por medio de imágenes provenientes de una única fotografía familiar de los años ’70, cuyo carácter corresponde a una improvisada escena playera, mientras el autor se nos oculta en el anonimato. La apropiación de esta imagen por medio de la digitalización, y luego su descomposición para componer las nuevas macroimágenes de treinta años después, permite que la antigua fotografía “se haga presente” a través de conceptos perspectivos y genéticos, introducidos tanto en la composición como en el entramado.

Es decir, cada micro- imagen se comporta como un píxel, sustrato riguroso de una única imagen total, punto de la trama puntillista pictórica, que en su condición paralela de micro- retrato, señala integralmente el compartimento sanguíneo entre los fotografiados. 

Puro ADN visual.

La concepción de la sangre es también origen de otra de sus obras, “RE-BIO-GEHR’, donde el autor explora en la relación genético- cultural con su padre. Nuevamente, un gran retrato fotográfico tipo carnet, con fondo rojo, funciona como motivo base; pero esta vez, el desplazamiento de la imagen va más allá de la intervención digital, pues la fotografía es descompuesta en una centena de retratos enmarcados, cada uno de los cuales contiene en el centro inferior una misma imagen: un niño típicamente alemán, quien no es más que el padre captado en su infancia germana. Cada retrato es por tanto un objeto en si mismo, que en la instalación, calculada según reglas de perspectiva y percepción óptica (conteniendo un barroco latente), se articulan para generar sorpresivamente la imagen paternal.

En resumen, la línea productora de Von Gehr que circula por el área de la interacción entre fotografía, medios digitales e instalación, se compone de fotografías propias pero que asemejan una industrialización medial objetiva, o bien, de fotografías apropiadas, las cuales presentan un carácter bucólico, abierto e incluso erótico, como sucede en el díptico exhibido en la muestra colectiva “No te veo, cariño”.

En todas estas obras funciona el concepto de entramado óptico- simbólico que rearticula la imagen cargándola de múltiples lecturas potenciales. Además, el empleo de series, secuencias y el mismo montaje, guía la atención del espectador desde la entidad fotografiada hacia la construcción global del trabajo artístico, donde a veces también convergen gestos pictóricos, los que intervienen para recordarnos el origen disciplinar de Andreas.

Y es que la producción pictórica del artista existe, y está constituida por pinturas basadas en pretéritas fotografías de su familia.

El debido traspaso de esas imágenes al campo de la mancha y la veladura es más bien expresionista: un verdadero juego de placeres sobre la recomposición de la fotografía original,  reflexiones imaginarias que nos son ofrecidas desde un ámbito netamente gestual.

Un universo paralelo que se comporta como descanso. Como encuentro.

Natalia Arcos Salvo

Teorica de Arte

Universidad de Chile

Santiago de Chile