FRACTURA PRIMIGENIA

 

La imagen de una explosión universal y particular como signo del instante de transformación. Cada segundo es partícula de un cambio imperceptible pero desconcertante, cada segundo recorre hasta la periferia el mismo desconcierto.

El clic de la cámara es referente permanente. Hay una búsqueda recurrente de identidad que muta, penetrando tramas y mitos culturales en nuestra psiquis, creando espacios ocultos y oscuros. Tal como la nebulosa después de la explosión, algo muere, una posibilidad de haber sido diferente. Se trata un abismo entre captura y ausencia, fractura primigenia.

De la fotografía hacia la pintura. Hay desencanto: todo cambia tan,tan rápido.

Como se vive desde los medios de comunicación hasta el ámbito más personal el abismo del cambio plasmado en uno de los mayores iconos postmodernos: el choque, la destrucción de las verticales paralelas representativas del capitalismo. Representación de la muerte de las ideologías. Cambio de mundo, daños colaterales que podría venir en el ocaso de la adolescencia tardía.

Esta escena psíquica y cultural se muestra en frágiles dibujos dispuestos en la pared. Es la presentación neta de las transformaciones, que no pretende justificarse en un discurso político o económico, porque la verdad no importan, ya no importan. .

Los objetos de deseo ya no son las grandes ideologías, más bien el abismo del poder. Es la obsesión tecnológica que sólo conduce a un triste estatus a tal velocidad y vacío que no quedará tiempo-espacio para sentir nostalgia. En esta explosión sólo queda la ansiedad de la nada: la muerte.

 

Maria Eugenia Villaseca